Muchos psicólogos definen el apego emocional como una condena. Algo que te destruye desde la raíz y deja todo al descubierto. Tus más profundos pensamientos, secretos, defectos. No obstante, no se puede tener amor sin apego. No se puede esperar comer cientos de chocolates sin estar consciente de que tienen calorías. Va todo junto. Lo bonito es cuando la persona se apega a sí misma antes de cualquier otra cosa externa. De tal manera que pueda saber pensar primero en ella. Entonces lo que consideramos como el apego que nos destruye, dejaría de ser siquiera una opción.
Es curioso lo vulnerable que uno se vuelve ante la otra persona cuando existe una conexión, ubiquemos eso como la realidad. Te vuelves frágil y hasta es un poco vergonzoso. Tus conductas cambian, para mejor. Siempre buscando ese destello en la sonrisa del otro al final del día. Sin embargo, te transformas en alguien fuerte al mismo tiempo. Te convences de que puedes hacer lo que sea porque tienes su apoyo. Su comprensión, su ánimo. Llamemos a eso una simple ilusión. Porque la realidad es que eres más vulnerable que fuerte. ¿Cómo puede esto tener sentido? En el momento en que ese apoyo se desvanece, tú también.
Usualmente, se emprende la búsqueda hacia la perfección, de acuerdo a los patrones establecidos por la sociedad. Se olvida que lo perfecto es tan subjetivo como los ideales de cada persona. Y cada individuo podría darle un significado diferente según lo que cree y más importante aún, lo que es él mismo.
Personalmente, creo que todos somos nuestro propio concepto. Sólo que por la inconformidad ligada a los instintos humanos, tendemos a buscar el modelo en cualquier otro lado. En las revistas, en pasarelas, en oficinas. Cuando en realidad siempre ha estado justo ahí, en el reflejo del espejo. En las buenas acciones, en una sonrisa. Incluso, en la capacidad de aspirar a ser mejores todos los días, encontramos perfección.
Si nos detuviésemos un momento, y nos aceptáramos con nuestros pros y contras, estaríamos más cerca de encontrar la perfección que aquellos que se someten a ser aceptados por la sociedad. Únicamente necesitamos la aceptación de nuestra conciencia y del sentido común y moral. Y el apego que desarrollemos hacia nuestro propio ser, es el más valioso en el camino. Pues, para bien o para mal, estamos atrapados con él.





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